El blog de Jaume Alonso-Cuevillas: 15/03/09 - 22/03/09

dijous, 19 de març de 2009

Reflexiones sobre el desalojo de los estudiantes encerrados en la UB



Bolonia

Es un hecho notorio que nuestra Universidad padece muchos males: indefinición del rol que le corresponde a la universidad del s. XXI, falta de recursos, endeudamiento, excesiva burocratización, deficiente diseño de la carrera académica-docente y un largo etcétera.

Pero, como muchos analistas ya han señalado, la implantación del mal llamado Proceso de Bolonia no es, ni de lejos, el origen de tales males. El proceso de convergencia europea, que no es un mal en sí mismo, sino una oportunidad, ha servido de momento para dar actualidad al debate sobre la situación de nuestro sistema universitario. Situación crítica en general, especialmente agravada en las Universidades de mayor tamaño.


El “modelo educativo”

De la mano del proceso de Bolonia, la universidad ha aprovechado para cambiar el modelo educativo. En los dos últimos cursos, he participado en la prueba piloto (los llamados “grupos adaptados”) de impartir “al modelo Bolonia” algunas de mis asignaturas (Derecho Procesal Civil, Derecho Procesal Penal, Derecho Concursal y Arbitraje). En definitiva, se trata de crear grupos más reducidos (de entre 50/60 alumnos, aunque lo ideal sería algo menos de la mitad), reduciendo las “explicaciones teóricas” (las mal llamadas “clases magistrales”, pues en la mayoría de ocasiones no lo son), intentando despertar a curiosidad intelectual de los alumnos mediante el debate y la experimentación.

Puedo asegurar que la experiencia ha sido muy gratificante. Conozco a todos mis alumnos por sus nombres y he podido constatar que su grado de aprovechamiento (el nivel de conocimientos y capacidad crítica adquiridos a final de curso) ha sido notablemente superior a ninguna de las anteriores más de veinte promociones. Creo asimismo que los alumnos no sólo han aprendido más y mejor, sino que además ―en la mayoría de casos― han disfrutado aprendiendo. Desde mi experiencia, el “modelo de Bolonia” es pues un acierto. Y, en todo caso, un revulsivo que nuestra secular universidad necesitaba.

Otra cosa es que ―a pesar de los numerosos reglamentos que pretenden regularlo absolutamente todo― no existan directrices claras sobre cómo debemos impartir la “docencia a la boloñesa”. Ahí, cada uno se las ha teñido que arreglar como mejor haya podido o sabido.

Pero, en general, la valoración de los alumnos es muy positiva. La principal queja es que el modelo obliga a atrabajar mucho (cosa que valoro positivamente) y que existe un gran desequilibrio entre la carga de “trabajos y prácticas” que exige cada profesor, en ocasiones desproporcionada (ahí comparto la crítica).

La implantación

Cosa diferente al modelo, es su proceso de implantación que, francamente, deja mucho que desear.

Aparte de la ya citada falta de directrices claras, en mi Facultad, a día de hoy, aún no sabemos si en el próximo curso 2009/10, además de los nuevos Grados en primer curso, se posibilitará ―y en qué medida― el cambio (o “adaptación”) de Plan a los alumnos de cursos superiores.

Lo que sí sabemos es que en nuestra asignatura no tendremos profesor suficientes para asumir de forma satisfactoria la carga docente que se prevé. La solución que se baraja es la de volver a los grupos masificados. Es decir, iniciar los nuevos Grados “descolonizándonos”. Un auténtico contrasentido!


Las críticas al proceso

Como apuntaba al principio, se atribuyen “a Bolonia” muchos de los maes endémicos de nuestra universidad.

He seguido con gran atención las declaraciones de diversos portavoces de colectivos “anti-Bolonia” y he tenido también la oportunidad de debatir personalmente con alguno de los encerrados.

Constato que, en general, hay una gran dosis de confusión y desinformación. Males endémicos y carencias seculares del sistema universitario español se mezclan con falsos rumores, clichés inexactos sobre “Bolonia” y, en no pocas ocasiones, con críticas “anti-sistema”. El problema es pues mucho más profundo que la bicha en que se ha convertido injustamente a la pobre ciudad italiana.

Es pues evidente que han fallado los canales institucionales (de las universidades y, especialmente, de la administración) de información, debate y participación de todos los sectores implicados, y, de forma muy particular, de los estudiantes.

El encierro

Personalmente, no creo que un “encierro definitivo” sea el mejor sistema de verbalizar una protesta, máxime en un marco, el universitario, donde el debate dialéctico debería sin duda ocupar el papel más destacado. Y, en todo caso, las “vías de hecho” y más aún el recurso a la fuerza están totalmente fuera de lugar.

La imagen de un Rectorado okupado con accesos casi secretos custodiados por guardas de seguridad debo confesar que me causó un gran impacto emocional. Y el “campamento” junto a cuadros otras obras de arte “de museo” me hizo interesarme por la cobertura de la póliza de seguros de nuestra Universidad.

Mientras tanto, en el resto del edificio y en las otras facultades de la UB, la vida académica seguía con normalidad casi total. La mayoría de estudiantes era totalmente ajena al encierro de sus (pocos) compañeros encerrados.


Creo por ello, que la orden de desalojo estaba plenamente justificada. Es más, debería haberse adoptado con anterioridad.


El desalojo

Compartiendo que debía hacerse, creo que se hizo muy mal. Cualquier experto en seguridad repite que los disturbios deben siempre prevenirse en evitación de males mayores. Por ello, se adoptan dispositivos especiales en todas las ocasiones de riesgo (desde partidos de fútbol hasta manifestaciones apeando por las Fiestas de nuestros barrios). Y estaba cantado que el desalojo de la UB iba a traer movida. Creo por tanto que no hubo suficiente previsión ante unas protestas más que previsibles.

Pese a ello, estoy convencido que la actuación policial (forzada ya por la falta de previsión) fue en líneas generales adecuada. Sin embargo, las imágenes nos han mostrado actuaciones puntuales totalmente desproporcionadas, indiscriminadas e injustificables. Se han visto imágenes de algunos policías pegando porrazos a todo lo que se movía, ensañamiento incluido contra personas que se hallaban al suelo.

Las explicaciones oficiales de que en primera línea cuesta diferenciar el quién es quién difícilmente explican que pudiera resultar herido un niño de diez años. Creo que desde Interior se haría bien en abrir expediente para depurar las responsabilidades de losa gentes que hayan actuado de forma brutal o desproporcionada. Y, en todo caso, analizar porqué no se llevó a cabo una labor preventiva adecuada.

Volvamos a “Bolonia”. El proceso debe seguir adelante, pero, sin duda, se han de corregir muchas, muchas cosas.